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Durante siglos se quiso comprobar que la existencia de Jesús fue real, pero a pesar de que han surgido escritos, objetos y construcciones que parecen corroborarlo, la ciencia continúa cuestionando cada una de las pruebas


-La Biblia: es una de las mayores pruebas de su existencia, pero más allá de los Evangelios oficiales, también existen algunos apócrifos, es decir, no aceptados por la Iglesia, en los que hay muchos puntos que difieren entre sí.

-Láminas de plomo: los 70 libros descubiertos en una cueva de Jordania son considerados los documentos más antiguos del cristianismo, pero estudios demostraron que las láminas serían de hace 2500 años por lo que sería imposible un origen cristiano.

-Restos de la Santa Cruz: basta solo con leer una frase del teólogo francés Calvino, del siglo XVI, para derrocar esta evidencia. Él afirmó: “Si se recogieran todos los pedazos que aseguran ser de la Santa Cruz, se haría una inmensa. Sin embargo, en el Evangelio dice que un sólo hombre fue capaz de llevarla”.

-Rollos del Mar Muerto: fueron hallados en los años 40, en Israel, y las pruebas de carbono 14 los dataron entre los año 150 a. C. y 70 d. C.  Aunque suponen una de las grandes pruebas de la existencia de Jesús, sólo mencionan a un maestro de la justicia, algo que podría aludir a cualquier persona.

-Corona de espinas: en la catedral Nuestra Señora de París hay una corona que, aunque tiene al menos 16 siglos, imposiblemente pueda ser la que usó Jesucristo. No tiene espinas y, además, un material tan noble y degradable jamás podría perdurar desde aquella época.

-Los clavos de Cristo: en un documental del cineasta Simcha Jacobovici, se cuenta la historia de los famosos clavos que aparecieron en una tumba de hace dos mil años, en Jerusalén, pero jamás se pudo comprobar que tuvieran algo que ver con la crucifixión de Jesús. En 1911, el investigador Herbert Thurston descubrió que había 30 clavos considerados sagrados alrededor del mundo, cuando sólo tres o cuatro fueron usados en el evento bíblico.

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