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¿Existe realmente el Infierno? En sentido literal, lógicamente no. Asimismo, la percepción de ese inframundo humeante y diabólico procede de una creencia mucho más ancestral de lo que pensamos


Alepotrypa (Grecia)

Traducido como «cueva del zorro», este sistema de cavernas ubicado en la península de Mani, en Grecia, se cree que dio origen al mito de Hades, dios del Inframundo. De hecho, las cuevas eran totalmente desconocidas hasta que un cazador las descubrió, y con ellas, la presencia de vestigios y restos de antiguos rituales entre los que encontró a una pareja abrazada antes de que su alma les fuese arrancadas por Las Moiras de la mitología griega. 

Pozo de Darvaza (Turkmenistán)

La entrada al infierno más explicita del mundo cabe encontrarla en el desconocido Turkemnistán, donde en la década de los 70 los soviéticos buscaron petróleo hasta darse cuenta de que habían expuesto tantos gases al exterior que la única solución para erradicarlos era prender fuego al agujero. Lo fascinante llegó cuando tras más de cuarenta años esta «boca del infierno» continúa siendo un círculo de 69 metros totalmente incendiario.

Cenote Xkeken (México)

Los cenotes son enormes lagos considerados por la cultura maya como entradas al submundo, siendo importantes lugares de rituales y sacrificios. Hoy día los cenotes conforman uno de los grandes reclamos turísticos de la península de Yucatán, más concretamente en las cercanías de la ciudad de Valladolid donde lugares como el cenote Xkeken (Puerco en maya) es uno de los más impresionantes.

 

La erupción del volcán Hekla en 1104 le valió a este siniestro lugar de Islandia la etiqueta