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La mayoría de las actividades del ser humano cambian con el paso del tiempo. La moda, la alimentación, la convivencia social y hasta el ejercicio se transforman con el paso de los años


Aunque ahora se nos hace de lo más normal que las mujeres acudan a los mismos gimnasio que los hombres o practiquen los mismos deportes, no siempre fue así. Además de acudir a recintos donde sólo podían ingresar féminas, las actividades eran muy diferentes para cada género.

Además de un nombre propio, tenían características muy específicas, pues en lugar de aparatos de ejercicio había máquinas de masaje (si es que se les puede llamar masajes) para remover la grasa y reducir las medidas de ciertas partes del cuerpo, como cadera, cintura y brazos.

Pero, ¿por qué las mujeres recurrían a estas ‘máquinas de tortura’? No es que quisieran adelgazar por arte de magia o que se negaran a seguir una dieta saludable. Lo que ocurría es que los cánones de belleza de la época señalaban que para ser bella había que lucir esbelta, pero también conservar una actitud femenina. ¿Qué significa esto? Que no era bien visto que las chicas sudaran ni hicieran movimientos bruscos, como sucede en la mayoría de los deportes.

Los Slenderizing salons hacían hincapié en la ventaja de que las señoritas podían moldear su figura de manera cómoda y relajada, sin tener que usar ropa poco favorecedora o despeinarse. Es decir, podían tener la cintura marcada, el abdomen plano y los brazos firmes sin una gota de sudor ni terminar con una respiración agitada por el esfuerzo, ya que esto iba en contra de la idea de que una mujer debe conservar una imagen tranquila y fresca.

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