En Cundinamarca, el paso del tiempo deja huellas visibles en su población: “nos estamos envejeciendo”, y esa transformación no solo habla de arrugas, sino de la experiencia, la memoria, la sabiduría que habita en cada adulto mayor. Según estimaciones recientes del DANE, en 2025 el departamento ya cuenta con cerca de 557.815 personas de 60 años o más, lo que equivale al 15,3 % de su población total.
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Pero esa cifra no es estática: se proyecta que en solo diez años esa cifra podría acercarse a los 866.000 adultos mayores. En términos proporcionales, Cundinamarca seguirá envejeciendo, cumpliendo la tendencia nacional de población que envejece rápidamente. A nivel nacional, se ha estimado que en Colombia más del 13 % de la población tiene hoy 60 años o más.
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Este envejecimiento plantea oportunidades y responsabilidades. En respuesta, la Gobernación de Cundinamarca ha dispuesto de $8.230 millones de la estampilla adulto mayor para la vigencia 2025, que se repartirán entre los 116 municipios del departamento. Con esos recursos se beneficiará a 47.798 abuelos vulnerables a través de programas de alimentación, atención en salud, recreación, cultura, bienestar mental, dotación y subsidios.
Las autoridades locales subrayan que “honrar a nuestros mayores es reconocer su legado y cuidarlos con amor y respeto”, y que estas acciones son una apuesta por garantizar una vida activa, digna y acompañada en la etapa de vejez.
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Retos en salud, equidad y bienestar
El envejecimiento no es solo demográfico: implica desafíos en atención médica, movilidad, acceso a bienes y servicios, salud mental, inclusión digital, y equidad, especialmente para mujeres mayores, que históricamente enfrentan mayores niveles de vulnerabilidad. Según información del Ministerio de Salud, el envejecimiento poblacional está estrechamente relacionado con el aumento de muertes por trastornos mentales y demencias en Colombia.
También, de acuerdo con los informes del DANE y del Ministerio de Salud, muchas personas mayores no tienen redes de apoyo suficientes o viven en municipios alejados, lo que dificulta su acceso a servicios.
Ante ese panorama, el uso de la estampilla adulto mayor se convierte en un instrumento clave para descentralizar la atención, fortalecer la presencia institucional municipal y garantizar que los municipios pequeños también puedan responder a esta realidad demográfica.
Hacia una vejez digna: recomendaciones y apelaciones
Los expertos en gerontología y políticas públicas recomiendan:
- Descentralización efectiva: que los municipios puedan ejecutar con autonomía programas de atención al adulto mayor, ajustados a las realidades locales.
- Atención diferenciada de salud: priorizar la prevención, la salud mental, el diagnóstico temprano de demencias, la rehabilitación y la atención domiciliaria.
- Fortalecimiento de redes sociales: impulsar programas comunitarios, acompañamiento, voluntariado, espacios intergeneracionales y la participación activa de los mayores.
- Inclusión digital y educación en tecnologías: para que los mayores puedan mantenerse conectados, informados y participativos.
- Vigilancia y transparencia: que los recursos de la estampilla y otros fondos sean administrados con control social, asegurando que lleguen a quienes más lo necesitan.













