Investigación evidenció que entre Zipaquirá y Paipa existe una zona con alto potencial para extraer energía de la tierra

Investigación evidenció que entre Zipaquirá y Paipa existe una zona con alto potencial para extraer energía de la tierra

Bogotá forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, cuyo recorrido de 40.000 km se extiende entre América y Asia y alberga una gran cantidad de volcanes, valiosas fuentes de energía geotérmica y una de las energías renovables menos conocidas, lo cual representa una oportunidad para descarbonizar la matriz energética de las megaciudades, es decir aquellas habitadas por más de 10 millones de personas.

Precisamente en la descarbonización se enfoca la investigación en la que participó el profesor Carlos Vargas, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y para cuyas estimaciones se utilizaron datos que la Agencia Nacional de Hidrocarburos y el Servicio Geológico Colombiano han recopilado desde hace muchos años para tener una medición de la información magnética, térmica y geoquímica del territorio colombiano.

Estos datos permitieron realizar un mapeo de las zonas estimando la “profundidad de Curie”, medida inferida a partir de las anomalías magnéticas presentes en el subsuelo, lo que significa que cuanta mayor temperatura haya al bajar en la tierra, más disminuye la fuerza magnética de los minerales presentes allí, y cuando esto ocurre se puede decir que en estas zonas existe una mayor posibilidad de extraer energía de la tierra.

“Se encontró que la región cercana al norte de Bogotá, entre Zipaquirá y Paipa, es una importante zona que contiene este recurso de calor, lo cual se evidencia en la presencia de aguas y piscinas termales, además de otros parámetros geoquímicos evaluados allí por la industria petrolera”, asegura el experto.

En Bogotá se consumen hoy 14.509.200 gigavatios por hora (gWh) y la demanda puede crecer cada vez más. La investigación determinó que esta podría llegar a los 16.603.100 gWh, solo con la explotación y extracción de energía geotérmica, es decir 1,14 veces más.

Según el geólogo, “esta cantidad de energía puede garantizar recursos suficientes para plantas geotérmicas a largo plazo que aprovechen su ubicación para suministrar electricidad y agua caliente para procesos industriales y recreativos”.

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Agrega que “el aumento de la demanda energética, en paralelo al crecimiento demográfico y al cambio climático, requiere una inversión urgente en energías sostenibles. Junto con los profesores Luca Caracciolo de la GeoZentrum Nordbayern (Geocentro del norte de Baviera), de la Universidad Friedrich-Alexander (Erlangen-Nürnberg, Alemania) y Philip J. Ball, de la Facultad de Geografía, Geología y Medio Ambiente de la Universidad de Keele (Reino Unido), estimaron que en Los Ángeles se usan 73.502.200 gWh al año, y con una mayor explotación del recurso geotérmico se calcula que podría suplir 4,25 veces más de energía a la ciudad; por su parte Yakarta consume 10.927.163 gWh,y podría aumentar su capacidad energética en 1,84 veces más.

Alternativa sostenible

El académico explica que “la energía geotérmica tiene diversos usos industriales, entre ellos producir la energía eléctrica que abastece a las ciudades; mejorar procesos de cultivo de plantas en invernaderos, lo mismo que la calefacción para los hogares durante el invierno, sobre todo en algunas regiones del planeta (altas latitudes y altitudes)”.

Para obtenerla se inyecta agua u otro fluido cuyo punto de ebullición sea menor a 40 oC, a una profundidad de 1 o 2 kilómetros en la tierra, en tuberías que forman un ciclo cerrado, es decir que el líquido baja, hace una curva y vuelve a salir; con el aumento de temperatura al estar enfrentado al calor de la tierra, sube en forma de vapor, el cual genera el movimiento de turbinas, conectadas a un generador que convierte el calor en electricidad.

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Según el profesor Vargas, la idea es que se pueda generar una descarbonización energética disminuyendo la emisión de gases de efecto invernadero –como el metano o el dióxido de carbono– producto de la combustión de energía fósil, lo que afecta la calidad del aire y la salud de las personas. Según un informe de 2017 del Observatorio Ambiental de Bogotá, se produjeron 11.421.724 toneladas de CO2 al año.

La energía geotérmica tiene el potencial de reducir la producción de CO2 en alrededor de 17 megatoneladas en Bogotá, 25 en Los Ángeles y cerca de 8 en Yakarta, debido a que el procedimiento para la explotación de este recurso no genera combustión.

Mientras países como Estados Unidos o Indonesia tienen a la energía geotérmica como un complemento para su matriz energética basada en otras fuentes –fósil, solar, eólica, hidráulica y nuclear–, en Bogotá el 63 % de su energía proviene de las hidroeléctricas, el 29 % de energía fósil y solo el 8 % de energías renovables; en Los Ángeles el uso de energías renovables es del 39 % y la hidroeléctrica es de solo el 4 %.

Para el investigador, la implementación de estas estrategias energéticas permite ampliar la gama de posibilidades, ya que los procesos y cambios de radiación o generación de calor al interior de la Tierra cambian en millones de años, y no en temporadas de días, meses o años.

Es importante recalcar que la extracción de la geotermia también puede tener desventajas, la más importante es la posible contaminación de aguas cercanas por sustancias como arsénico o amoniaco –sumamente tóxicas para los seres vivos–, componentes que se encuentran en el suelo y que se pueden liberar al hacer la extracción, si los procedimientos no se realizan de manera adecuada.

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