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Estos lugares se han consolidado como espacios de interacción cultural, comercial y social, comunicación directa entre consumidor, campesinos y productos de buena calidad en la canasta familiar


Son las tres de la tarde de un martes cualquiera en Zipaquirá, pese a que ya se ha constituido como ciudad, este día es especial, es el día de mercado donde los campesinos armados de su ruana y productos se instalan en la plaza, con nabos, cilantro, papaya, remolacha, alverja y zanahoria, entre otros productos que decoran el lugar.

Al ingresar a la plaza se siente el olor característico del pescado, lo promocionan e incluso lo abren frente a sus clientes para garantizar la calidad del producto, a un par de pasos se encuentran señoras que durante años han vendido chucula, bolas de cacao, cuchuco y melcochas, ellas no gritan, esperan pacientemente a sus clientes.

En la parte interna de la plaza todo es fiesta de color y olores, los vendedores retienen a la gente y dividen las frutas con la intensión de que la multitud pruebe su producto. Cosa muy distinta a lo que pasa en los grandes supermercados donde de manera fría y controlada dan a conocer el mercado a la gente sin la interacción, amabilidad y jolgorio que proporciona la plaza.

Supermercados vs la plaza de mercado

Día de mercado en la Plaza Mayor en 1910. Foto archivo de José Caicedo, del libro lo Mejor de Zipaquirá.

La desventaja que vien en enfrentando nuestros campesinos es la llegada de grandes tiendas que ofrecen todos los días sus productos, mientras ellos solo tienen destinado un día a la semana; sin embargo, en una ciudad como Zipaquirá donde ya se perciben aires de desarrollo y crecimiento comercial, la plaza sigue haciendo eco de su naturaleza comunitaria.

En este lugar más que comprar víveres, se generan lazos de confianza y cordialidad, es común ver madres de familia entablar vínculos con otras, enterarse de las ultimas noticias de la ciudad e incluso debatir sobre las alzas de algunos productos de la canasta familiar.

Lo qué fue nuestra plaza

Muchos no conocimos la antigua plaza, un lugar al aire libre donde los vendedores se preocupaban por el pronóstico del clima, una fuerte lluvia podía interferir con las prometedoras ventas de un martes.

En el 2009 y bajo el gobierno de Jorge Enrique González, se trasladó la plaza de mercado para darle lugar a lo que hoy conocemos como la Plaza de la Independencia; en ese entonces, existía una edificación donde se vendían granos, flores, verduras y cárnicos, este último producto era expuesto en las carnicerías, incluso, era posible observar como despostaban las reses.  Por los senderos también se podía observar la venta de canastos tejidos a mano, artesanías y productos que según los habitantes solo era posible encontrar en este lugar.

Pero la historia nos remonta muchos años atrás cuando en la época de la colonia, el comercio se desarrolló gracias al abastecimiento que proporcionaban los campesinos antes de la independencia, durante el periodo de 1700 a 1800, lugar que en ese entonces lo integraban castas sociales y se consolidaba este espacio como principal centro de reunión y comunicación del pueblo zipaquireño.

Plaza de mercado de 1980 Foto tomada de la Casa Museo Guillermo Quevedo Z

Zipa la Plaza

Actualmente, un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia viene dando a conocer un proyecto denominado “Zipa la Plaza” que busca fortalecer este espacio junto con los mercados campesinos, así como empoderar a la ciudadanía y comunidad rural de este lugar, sus tradiciones costumbres e importancia cultural.

La villa de la Sal

El recorrido de la plaza termina cuando los canastos empiezan a pesar y transitar por el lugar se hace dificultoso, otros habitantes también buscan alimentos y la infaltable “napa” que ofrecen los comerciantes, que no es otra cosa más que regalar dos o tres frutas o quizá un manojo de alguna verdura para consentir a los clientes.

Lo olores característicos van despareciendo cuando se sale del lugar, pero quizás lo que no perdona el sitio es retirarnos sin antes probar un delicioso pedazo de queso con bocadillo que envés de entregarse en servilleta, clásicamente lo envuelven en hoja de plátano, así finaliza el recorrido, con un postre difícil de evadir y que nos espera hasta el próximo martes en la aventura de volver a hacer mercado.

mcp

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