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Soacha y Zipaquirá están entre los cinco municipios con altos índices de agresiones hacia las mujeres; particularmente la ciudad de la sal tiene casos graves de violencia en donde el agresor es siempre un compañero o ex compañero de la víctima


Juliana correa, una joven de 20 años, había conocido a Andrés Gómez de 38 años, con quien inicio una relación amorosa, posteriormente ella decidió terminar la relación. Sin embargo, el sujeto el fin de semana pasado se presentó en la casa de la mujer, argumentando querer arreglar la relación, tras una fuerte discusión de la pareja, la joven desparece por tres días. Le interesa En Cundinamarca se incrementa violencia contra las mujeres

El pasado fin de semana fue hallada en un apartamento sin signos vitales. Las autoridades continúan investigando el paradero del presunto agresor.

El hombre que era casado y tenía hijos, se había ganado la confianza de la joven y su familia, incluso cambiando su verdadero nombre, pues en Zipaquirá se hacía llamar Andrés Gómez. Así dio a conocer el caso en CityNoticias.

Las cifras alertan el departamento

Según reporte del Instituto Nacional de Medicina Legal, boletín epidemiológico sobre violencia de género en Colombia, en Cundinamarca se registraron, durante el año 2016, 32 casos de homicidios de mujeres; 4.029 víctimas de violencia intrafamiliar; 1.034 casos de violencia sexual y 3.192 de violencia interpersonal.

Entre los municipios que sufren mayor índice de violencia de género se encuentran Soacha, Zipaquirá, Fusagasugá, Facatativá y Madrid.

Soacha y Zipaquirá están entre los cinco municipios con altos índices de agresiones hacia las mujeres; particularmente la ciudad de la sal tiene casos graves de violencia en donde el agresor es siempre un compañero o ex compañero de la víctima. Lea Zipaquireña es víctima de feminicidio

¿Cómo detectar comportamientos violentos en su pareja?

La inseguridad, la auto percepción de vulnerabilidad y la creencia de ser poco afortunado en el amor, son factores que alimentan el trastorno del amor obsesivo y que obliga a quienes lo padecen, a aferrarse a la pareja de manera patológica. Sin embargo, se ha observado que las personas egocéntricas, individualistas y con ínfulas de superioridad, también son susceptibles de padecer este tipo de compulsiones, pues su idea de que son superiores a los demás, les impide aceptar el rechazo o el abandono. También La lucha por reducir el feminicidio en Cundinamarca

Hay varios signos y síntomas que permiten a los especialistas establecer si un individuo está padeciendo el trastorno de amor obsesivo. Estos deben ser evaluados por un experto para diagnosticarlo y para definir el tratamiento. 

Algunos pueden ser:

• Fijación de que solo estando con la pareja se está pleno y feliz.
• Visión de túnel. La persona no puede abstraerse de la imagen y recuerdo de la persona a la que aman, al grado de afectar sus actividades diarias y capacidad de concentración.
• Conductas neuróticas y compulsivas como llamadas o visitas continuas.
• Acecho para ejercer control, ya sea físico, a través de amigos y conocidos, o por medio de las redes sociales.
• Peleas por celos infundados o acusaciones falsas que se tornan cada vez más violentas.
• Indagatorias extenuantes.
• Monitoreo físico de las actividades de la pareja.
• Manipulaciones económicas o afectivas.
• Amenazas.
• Control excesivo de la apariencia, amistades y actividades del otro.
• Masoquismo y violaciones.
• Depresión y pensamientos suicidas.
• Pérdida de la autoestima, sentimientos de culpa y odio hacia sí mismo.
• Negación de que la relación llegó a su fin.
• Ira intensa y deseos de venganza.
• Adicción a drogas, alcohol, sexo, comida o juego.

Las intervenciones de los especialistas dependen de qué tan afectado está el individuo, y van desde pequeñas instrucciones para cambiar algunas actitudes nocivas, hasta el uso de medicamentos y la hospitalización.

*Fotografía tomada de CityNoticias

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