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Mujeres que cada día entregan su trabajo y tiempo para mejorar la cálida de vida de otros, ellas emprenden un camino lleno de obstáculos que le es  recompensado con la gratitud de mucho que han encontrado en este lugar un hogar


Son las dos de la tarde, varios abuelos y abuelas van camino a salón comunal del Barrio San Rafael, muchos van acompañados de sus nietos o hijos, otros por el contrario van solos, también asisten madres cabezas de familia que encuentran en este lugar, un espacio para aprender, divertirse y compartir.

Con prisa llega la señora Ana Cecilia Castellanos Vanegas, arregla el lugar lo dispone para que más de 50 personas empiecen sus clases de danza, manualidades o simplemente compartan entorno a un juego de mesa.

Se le ve en la cocina preparando aromática y chocolate para la merienda  de estas personas, esta labor la realiza desde hace 5 años cuando sus compañeros de la junta de acción comunal le propusieron que  se hiciera cargo del  comité social.

Pero su vocación de ayuda ha sido desde siempre “en mi juventud trabaje en el hospital, cuando salí pensionada sentía esa necesidad de seguir ayudando, cuando me propusieron esta labor sentí miedo porque era una gran responsabilidad, afortunadamente todo ha salido bien y me siento feliz de poner este granito de arena que mejora la calidad de vida de las personas”  dice, mientras organiza los pocillos en una bandeja donde servirá la aromática que compartirá ese día.

Este lugar a cual llegan personas de tercera edad ha permitido que ellos no se asilen, que por el contrario se sientan útiles y puedan compartir las tardes con otros compañeros, algunos hablan de sus enfermedades, otros del acontecer nacional y sus familias, muchos emprenden un proyecto como pertenecer al grupo de danza o aprender a tejer o bordar.

Para Cecilia es importante que se generen estos cambios en la sociedad, que más personas se empoderen del trabajo comunitario “las mujeres deben ser mediadoras, pacificadoras promover el respeto y amor en la comunidad”, admira a las personas que se comprometen con su barrio, con su gente, personas que han dejado algunas cosas de lado para gestionar, organizar y promover programas de bienestar en sus barrios.

Finalmente, cuando cae la tarde los abuelos empiezan a irse, cada uno ha disfrutado la tarde ha encontrado amigos y doña Cecilia ha cumplido su misión de que el salón comunal del Barrio San Rafael sea un segundo hogar para estas personas. 

mcp

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