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Este páramo vive una de las situaciones más críticas del país pues extraen 700 toneladas mensuales de carbón y su suelo tiene cultivado más de 150 hectáreas de papa que erosionan la tierra y disminuyen la capacidad hídrica del territorio.


El páramo de Guerrero se encuentra ubicado entre los 3200 y los 3780 metros sobre el nivel del mar (msmm). Constituye uno de los mayores ensanchamientos y elevaciones del Eje Occidental de la Cordillera. El complejo se ubica hacia las zonas altas de los municipios de Carmen de Carupa, Tausa, Zipaquirá, Subachoque, Cogua, Pacho, San Cayetano y Susa en Cundinamarca.

Este páramo es el segundo en extensión después del Sumapaz, el más intervenido y en él se han reconocido los fenómenos de degradación más extendidos por causa de la intensificación agrícola con prácticas de manejo inadecuadas, poniendo en peligro la prestación de los servicios de regulación hídrica.

Agricultura y pastoreo  están matando el páramo

Según el estudio realizado por Melissa Lis Gutiérrez, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad  Nacional, en este lugar predominan zonas de conservación (855 ha), seguidas por las de uso agrícola pecuario (345 ha), agrícola intensivo (292 ha), cuerpos de aguas continentales (16,5 ha) y minería (0,5 ha).

Entre las coberturas con uso agrícola intensivo y agrícola pecuario de este lugar sobresalen  cultivos de papa y pasturas con fines ganaderos, a los cuales se atribuyen procesos de degradación química de suelos y aguas asociados a contaminación con fertilizantes y agroquímicos, compactación y pérdida de capacidad hídrica.

El trabajo de investigación advierte un panorama nefasto con la expansión de  cultivos agrícolas en este páramo, además, se cree que desde 1950 comenzó la transformación de esta reserva con la explotación de  recursos naturales y uso intensivo del suelo, provocando desequilibrio en el ecosistema y el paisaje.

¿Qué pasará con este páramo en el 2020?

La investigadora propone una serie de escenarios que  se darían en este lugar si no se disminuye la intervención del hombre sobre el páramo.

Dejar descansar la tierra  de los cultivos de papa, favorecerían el proceso de restauración del suelo y disminuiría considerablemente  la erosión dándole paso al crecimiento  de la cobertura vegetal  y bosque denso.

Pero si continúan para el 2020 la expansión agrícola y minera se alteraría inevitablemente la estructura del suelo y perdería la capacidad  reguladora de agua y la calidad de vida en este ecosistema. La investigadora plantea que para 2030 se podría recuperar gran parte de la vegetación de la zona, si las áreas afectadas por actividades agrícolas se convierten en espacios de conservación.

La siguiente galería muestra algunas caracteristicas del páramo y su degradación

 

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